¡A las mujeres que no quieran entender!

Prime Minister of India, Indira Gandhi (1917 - 1984), 13th January 1971. (Photo by Fox Photos/Hulton Archive/Getty Images)

El hijo y la hija heredan siempre el corazón de la madre. La mujer es la que determina la bondad y calidez o la maldad, la frialdad o la cobardía de los hijos e hijas.

En el mundo hay varias guerras descorazonadas, entre otras: el conflicto actual emergente entre Estados Unidos de América, Israel e Irán; entre Rusia y Ucrania; entre Israel y Palestina y otros cuántos más como en Colombia. Les decimos no a la continuidad de estos fríos conflictos y apelamos al amor que descansa en los fundamentos últimos de la utopía relacional lumínica para el final perpetuo de la paz mundial que desaprende la violencia e instaura la compasión del amor entendido, comprendido y amado.

Las mujeres que están detrás de estos conflictos, las madres, las hijas y las esposas que integramos todo el mundo, nos negamos a entregar a nuestros hijos, esposos y familiares para que sean carne de cañón y balas, y para que sean obligados a matar a otros seres humanos y animales en general, y obligados a destruir el mundo tan especial en el que todos estamos llamados a convivir armónicamente. Las mujeres queremos ser ¡mediadoras incansables de la paz!

¡Basta ya del derramamiento de sangre en la historia! Somos mensajeras de la paz y vírgenes de corazón y espíritu, por lo que necesitamos urgentemente que Melania Trump, que las esposas de Netanyahu, Hamás, los Ayatolahs, Putin, Xi Jinping, Kim Il Sung y Zelenski, detengan la guerra en sus países y asuman su papel protagónico en la corresponsabilidad por la paz mundial y la mediación por el equilibrio mundial entre todas las naciones del planeta Tierra.

Necesitamos alzarnos de pie por el futuro y el presente civilizado de los países y por la captura y el enjuiciamiento de los belicistas infantiles que ponen en peligro a toda la Humanidad con sus estúpidos juegos y juguetes bélicos fantasmales. Necesitamos que nos den esperanza para todos los continentes y las regiones del mundo.

Las mujeres que no entiendan este mensaje contundente de amor hacia la Tierra, sucumbirán sin remedio al silencio de la historia y su olvido; la historia que solo da una segunda oportunidad a todo aquél y aquella que están dispuestos a aprender humildemente del tiempo tridimensional de la Humanidad: la relación e ilación continua de la interacción pacífica y armónica entre pasado, presente y futuro de todas sus generaciones como enseñanza permanente de la oportunidad de insertar la propia perspectiva autobiográfica en una faz de la Tierra de forma auténticamente liberante y pacifista, para que esta brille y alumbre para más jóvenes, sanos, acompañados y compasivos que nunca.

Nunca es demasiado tarde para dejar de ser narcisista y egoísta, nunca es demasiado tarde para salir de una situación peligrosa, incómoda o tóxica. Siempre hay una solución para todos los problemas, incluso para la muerte y, por ende, para evitar las guerras y proyectar la paz de la vida digna y relacionalmente alumbrada y unificada.

El innecesario narcisismo que provoca y subyace en toda guerra y conflicto, se acaba con el silencio y la acción imperturbable de la estabilidad emocional, intelectual, mental y sicológica del que se ama a sí mismo y por eso no se deja manipular o influenciar hacia la violencia y renuncia a pelear salvaje y dócilmente. Porque como dijese el honorable filósofo griego estoico Séneca: “El que es amigo de sí mismo, es amigo de todos los demás”.

En la historia de las naciones ha habido, como en la India, momentos de gobernanza cruel y autoritaria, que ha querido demostrar mayor fuerza física y táctica que sus antecesores. Es lo que ocurrió a Indira Gandhi, que quiso demostrar que era más fuerte que su padre Nehru y que Mahatma Gandhi. Por eso comandó la Operación “Estrella Azul” en la que militares indios destruyeron el templo Dorado de la minoría sijs, masacrando a cientos de personas y cuyo objetivo era neutralizar a los extremistas armados que se habían refugiado en el complejo sagrado. Indira Gandhi fue posteriormente asesinada de 31 balazos por sus propios guardaespaldas pertenecientes a esta minoría sijs, en represalia el 31 de octubre de 1984.

Una vez Indira Gandhi había dicho estas palabras: “Nunca olvides que cuando estamos en silencio, somos uno. Y cuando hablamos somos dos”. Pero ella se olvidó de dialogar para evitar por medios pacíficos el recrudecimiento de los conflictos étnico-religiosos de su país. Algo que también había llevado al asesinato de Mahatma Gandhi, el cual, a su vez, no fue lo suficientemente firme para evitarlos.

Indira Gandhi también inició el programa nuclear de la India, detonando la bomba nuclear subterránea, denominada “Buda sonriente”, al utilizar la tradición de la sabiduría filosófica india en un sentido brutalmente belicista. Antes había dicho: “El poder de cuestionar es la base de todo progreso humano”, pero había olvidado agregar lo que también había pensado antes: “El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga”. Ella sencillamente vio en ese bombazo irracional que “cada experiencia nueva aporta su propia madurez y una mayor claridad de visión”, recordando de lo que había dicho solo lo que le convenía en el momento: “Lo inmediato es a menudo el enemigo de lo último” y “No hay amor donde no hay voluntad”, ya que “La vida es un proceso continuo de ajuste”.

Nos encontramos en la actualidad contemporánea del mundo en una muy difícil situación y etapa de total irracionalidad, infantilidad destructiva y violentación de deberes y derechos, especialmente de la Ley Internacional de los Pueblos y las Naciones, lo que amenaza con calcinar a la Humanidad para siempre, y abandonarla a la ausencia de razonamiento relacionalmente lumínico en tanto utopía realista y realizada de seres que desean ser consecuentes con su capacidad de reflexión crítica y propositiva y su inclaudicable voluntad de no suicidarse individual o colectivamente.

Se han abandonado las propuestas positivas, constructivas, propositivas y prospectivas que traen futuro seguro al mundo, y una seguridad basada en el amor genuino que puede esperar por el desencadenamiento mejorado de un destino que solo puede ser manifiesto como transcurrir de su propia creación evolutiva hacia la perfección de la historia humana.

Así que a las mujeres que no quieran entender les recordamos que, como también dijera Indira Gandhi: “la capacidad no siempre se mide mediante el examen” y que se precisa de voluntad para mediar la paz, por lo que: “El mundo exige resultados. No cuentes a otros tus dolores del parto. Muéstrale al niño o a la niña”.

Recordemos, siempre y además, que el buen amor no es el que lastima en el límite de lo soportable, sino el que explica por qué ha lastimado e intenta superar toda auto limitación que le impide comprender los motivos de su acción violenta. Es necesario entender que no solamente importa el que seamos amados sino sobre todo el cómo somos amados, porque el amor incondicional conoce también sus propios límites y no los usa para manipular a los demás en nombre de su propio ego incuestionable. Eso es progreso humano. Vamos a interdialogar.

¡Salvemos a las manzanas de las serpientes que las pudren!

 

Publicada el
Categorizado como Filosofía

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *