La fuerza legal e histórica de la revolución

La revolución es un proceso inevitable en la historia. Filosóficamente hablando, representa una síntesis dialéctica unificadora, en la que se unen las contradicciones antagónicas de un sistema socioeconómico para crear y dar lugar a una etapa superior de la evolución histórica. Pero la revolución no es un proceso aleatorio y casual, sino que se va dando poco a poco, en la medida en que se asumen las leyes del desarrollo social y se unifica la política en un sentido relevante y decisivo de formación de una identidad de tal tipo que aprehenda las diferencias, asumiéndolas como propias, y, por tanto, no como algo extraño o ajeno a su mismo fenómeno de diferenciación.

Las revoluciones son como partos que pueden complicarse y estallar de forma violenta, pero la verdadera revolución democrática siempre encuentra una salida pacífica a los conflictos y constituye un encuentro de las fuerzas divergentes que se materializan de forma integradora e incluyente. Así vista, de forma integrativo-reconstructiva, la revolución es un derecho legal de la representación ciudadana del coraje civil por sacudirse y liberarse de las injusticias en la historia y como tal, es una fuerza de acción de personas y sujetos autoconscientes, autodirigidos, que se autovaloran y se autoconvocan para rebelarse justamente a alguna forma de tutelaje, tiranía y vasallaje.

De hecho, las tiranías en historia pueden estar encubiertas y ocultas no solamente a nivel global en una sociedad, sino en algunas de sus instituciones determinadas, cuando existen caciques y caudillos que entorpecen en su interior el verdadero progreso social, al ser cuellos de botella para sus empleados, sus connacionales o aquellos extranjeros capaces y humildes que se hayan radicado en sus países. Pero el progreso democratizador y humanizador de la historia no se puede detener, por mucho que dichos caudillos o cacicas lo pretendan, porque cuando una sociedad se harta de la continua humillación, marginamiento, aislamiento e indiferencia hacia sus talentos y capacidades, el Sol del Trópico, para el caso, termina por volverse demasiado sofocante y hace hervir la sangre de los héroes y los mártires que entonces se rebelan de mil formas y maneras. Se produce una revolución interna y vienen la lluvia de ideas y el viento helado que refrescan el ambiente y lo oxigenan, a pesar de los solitarios incendios que destruyen los bosques. No importa si en ese momento estamos parados o estamos sentados, cuando una revolución se gesta, nos sorprende en cualquier parte que estemos y si nos encuentra desprevenidos, la sorpresa termina por hundirnos si hemos sido necrofílicos regresivos con el progreso humano y su historia, que siempre barre la nostalgia y el miedo y entona cánticos solemnes de sublime liberación personal y social. En este sentido, no se puede detener el proceso revolucionario de la primera revolución relacional humanística del mundo con su socialismo cuántico y su impronta positiva que trae verdadera esperanza y paz. Y, esto es así, porque no se puede detener el deseo de todo un pueblo por librarse de las cadenas que le oprimen y no le dejan crecer y desarrollarse, ya que, según los retrógradas, debe pagar eternamente por los errores, conductas extremas y los desvaríos ideológicos que supuestos revolucionarios ultraizquierdistas cometieron en el pasado, por lo que se vieron castigados por la historia misma en su política de simple acción sin filosofía, acción sin teoría que la guiase, acción táctica sin estrategia histórica preñada de verdadero futuro. El pueblo hondureño y sus mejores personas no pueden pagar, lo mismo que sus infancias y sus jóvenes generaciones, por lo que les pasó a los desaparecidos de la violencia forzada, porque estos fueron culpables de su radical inmadurez por pretender hacer de Honduras un baño de sangre, igual que quiere Canel hacer de Cuba, para enfrentarse con las armas a Trump. No permitiremos que el pueblo cubano, el pueblo hondureño y el pueblo alemán sean castigados impunemente por más de 25 años de convivencia terrible y atroz de continuas humillaciones recibidas. Estos serían crímenes de lesa humanidad, y deben recibir un juicio de Nuremberg.

La revolución es una fuerza histórica que no se puede detener y que resulta de la voluntad popular por sacudirse el yugo de los dictadores y tiranos autócratas y neofascistas, porque éstos últimos no constituyen una opinión válida sino una forma criminal de actuar. El sentido de la revolución lo adquiere esta de la imperiosa necesidad de las personas de liberarse de toda forma de opresión, represión y explotación cotidianas. La revolución popular democrática no es solo el medio por el cual avanza la historia progresiva de la Humanidad, sino también el final del querer impedir su totalidad humanizadora que se alcanza cuando se tienen claros los objetivos edificadores que caracterizarán a la nueva sociedad que debe surgir de dicho fin universal.

La revolución representa una dialéctica entre la fuerza legal de su decurso, legitimada en la soberanía popular en su transcurso histórico, y la fuerza histórica de dicho transcurrir hacia la finalidad totalizadora de humanismo en el mundo, nivel y etapa en la que son resueltos los problemas más cruciales de las sociedades y los pueblos. Esa dialéctica interna entre fuerza legal o derecho internacional de los pueblos a una vida verdaderamente mejorada y la fuerza histórica de los mismos para lograrla y construirla eficaz y eficientemente, esa dialéctica, repetimos, es un proceso pedagógico continuo y discontinuo a la vez. Continuo, porque sigue las tradiciones no autoritarias y tiránicas que deban ser protegidas en una sociedad; y discontinuo, porque rompe y acaba con las formas autoritarias, dictatoriales y tiránicas que luchan irracionalmente por prevalecer. Esto es así, porque el fin de la educación no es solamente lograr mejores personas, sino personas mejores que quieran a todos los pueblos del mundo y para la cual todos los pueblos del mundo deben ser mejores y más bellos.

La fuerza legal histórica que se va conformando en ese proceso de simultánea continuidad y discontinuidad da lugar al surgimiento del “derecho de los pueblos a tener derechos”, como estableciera, acertadamente, la filósofa alemana, Hannah Arendt, y en ese sentido, al derecho a que no prescriban las condenas y los castigos a todos los victimarios y corruptores como entes antihumanos que violan la legalidad en la historia, y están por eso, en desacuerdo con la fuerza progresiva siempre más perfectible de la misma.

La fuerza legal histórica de la revolución nos debe quitar el miedo a la transformación y al desarrollo entendido en derecho. Ello, porque tanto su pacifismo como su problematización del mundo se basa en un fundamento político teórico que no son las ideologías particulares de grupos o individuos, sino la Filosofía como ciencia de la espiritualidad cambiante unificadora y forjadora de la unidad material del mundo universal.

La revolución es el rescate del aspecto social de la dignidad humana que solo se puede concretizar superando las argollas que encadenan y monopolizan los distintos ámbitos del trabajo y la producción humana. Por eso toda revolución es democratización de las estructuras sociales, económicas y políticas de una comunidad humana.

Legalidad e historicidad forman, pues, el campo revolucionario, por medio del cual la historia se abre paso a la realización de los grandes ideales que implican los desafíos que tenemos que abordar para garantizar nuestra sobrevivencia en el planeta Tierra. Esa legalidad, aunque es histórica, porque va cambiando con el tiempo en sus formas concretas de expresión, permanece inherente en los derechos humanos inviolables de las personas, a gozar del bienestar que todas y todos nos merecemos. En esa permanencia no hay lugar para la violencia, el sufrimiento, la tortura y la corrupción que opacan el brillo del Iluminismo relevante unificador de los pueblos respetuoso de la Ley.

Fuerza legal o derecho a una mejor convivencia y fuerza histórica o movilización de las personas para lograr concretizar materialmente ese derecho. Por tanto, la fuerza histórico legal de la revolución, resulta también cuando enlazamos los pensamientos para generar teoría orientadora deliberativa en tiempos de crisis que puedan superarlos. De ese modo, como ejemplo, enlazamos aquí dos pensamientos únicos de forma integrativo-reconstructiva:

  • El primero, del intelectual francés, Víctor Hugo, que reza así: “Cuando la dictadura es un hecho, la revolución se vuelve un derecho”, y que nos señala la legalidad histórica de la revolución.
  • El segundo, del sindicalista y promotor obrero norteamericano, Eugene V. Debs, que dice: “El lenguaje más heroico mundialmente es la revolución”, y que nos señala la tendencia a transformarse invirtiendo en ello grandes esfuerzos, es decir, la fuerza histórica del movimiento individual y general de las personas por hacer de la revolución un derecho.

Como puede verse, el enlace teórico relacional de estas dos reflexiones nos brinda el derecho a rebelarnos de la dictadura y la tiranía como esfuerzo propio y pensado por sí mismo, esto es, de manera auténticamente revolucionaria, aunque llegue lentamente. Porque la revolución es un oleaje del mar de la historia que remueve irremediablemente sus más profundas arenas para dejar tranquilidad y paz ganadas libre y comprometidamente. La historia está para aprender que nunca es tarde para comprender toda su verdad definitiva.

PANZER LEOPARD ALEMÁN
JAGUAR HONDUREÑO AISLADO EN EL BOSQUE LA TIGRA
CAÑÓN “DICKE BERTA” DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y NIÑA SENTADA REFRESCÁNDOSE
CAÑÓN RUSO “DEL ZAR”
ACUARIO DE PECES POR FIN LIBERADOS
PEZ LEOPARDO
MATRIMONIO MIXTO CULTURALMENTE, FELIZ Y ALEGRE

 

 

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

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