Esas frases de la canción argentina: “Ya va saliendo la luna, en el gran salitral, enganchando guitarras, por su claridad”, son inolvidables y constituyen un referente ético, como en toda sociedad del mundo y en la historia de la Hermandad Humana.
Son éstas algunas claras y, a la vez, enigmáticas y misteriosas, reflexiones para comprender mejor nuestros tiempos actuales, contemporáneos de una opaca oscuridad, y retomar pedagógicamente al aprendizaje real de la luz que siempre se abre paso en los túneles y los callejones sin salida, y que nos determina que nuestros errores, aunque son inevitables, son, asimismo, fuentes de superación en todo momento y en toda ocasión.
Solo puedo concluir que para insuflar autoestima a una persona o un individuo humano y a todo pueblo, y ser o constituirse en verdadero modelo a seguir para uno mismo y para los demás, el aprendizaje es desde una sencilla, modesta e irrepetible enseñanza de toda y para toda la vida: “no intentemos ser perfectos, sino más humanos cada día y por eso más fuertes”, porque la verdadera perfección humana reside en la perfectibilidad histórica que derrama sobre cada uno de nosotros un destino feliz si se es humilde, sano y limpio de mente, espíritu, cuerpo y corazón.
No seamos, por tanto, cobardes debiluchos y “huevos blandos” o Weicheier que no desean encarar la vida, sino entes con ingenio, protagonistas esperanzados de la historia que puede luchar con amor, empatía, solidaridad y cariño auténticos que cree en la fuerza moral y cívica del corazón propio y de los demás: “una luz compañera que disfrute igual”.
“Lo malo muere en lo bueno”, pero mi amor por ti, no morirá jamás, jamás, aunque no dudaré en olvidarte. ¡Qué la historia, son su final relativo, nos atrape en un momento de amor incondicional, como han sido todos nuestros momentos, hermanados en el deseo de bienestar para la Tierra y, por tanto, la vida digna en ella!
¡No seamos orgullosos, soberbios ordinarios y corrientes, sino que electricemos el mundo y sus sociedades con la grandeza del amor grande de alto voltaje de las hermandades y fraternidades mutuas, de aquél corazón incontenible, incorregible e indetenible que se entrega todo sin esperar nada a cambio, y hagámoslo siempre suave y firmemente!
¡Gracias a la vida, que me ha dado tanto, porque me ha enseñado a amar y porque nos amamos!
¡Puedo ver al bueno tan lejos del malo! ¡Gracias a la vida, que me ha dado tanto, el canto de todos que es mi propio canto!
Ya sabes, ya estás enterada, si me quieres escribir ahí va mi dirección: “¡Tercera brigada mixta, primera línea de fuego!”.






