Ética de la Convivencia del cine, teatro y la moda ante el abuso de poder

Esta vez, hemos decidido avanzar y enunciar reglas de oro de la Ética de la Convivencia para mejorar las relaciones humanas ahora y siempre por un mundo libre de violencia, especialmente violencia machista o marimacha, que ocurren con los abusos de poder en el campo de la representación escénica ante un público como son el cine, el teatro y la moda.

Primero, describiremos cómo se realiza ese abuso de poder para que podamos reconocerlo, neutralizarlo y defendernos del daño emocional, físico y psicológico que ello provoca en la persona agredida, humillada, ofendida o violada en su dignidad humana. Esto porque la vida es de alguna manera teatral o una obra de teatro en la que todos somos actores y en la que, por tanto, todos nos conducimos de alguna manera por lo que cabe a todos responsabilizarnos por nuestros actos, acciones o mala conducción y orientación conductual.

Debemos tener claro que el abuso de poder que se da en estos ámbitos de la representación de la persona, y, por tanto, exposición de las personas ante los demás, proviene, generalmente, por parte de los directores escénicos que se encuentran al mando de una obra de arte o artística, y, que, con sus actitudes y conductas de agresión violenta hieren a sus “subordinados” actores, actrices, modelos o personal que trabaja detrás de las cámaras, candilejas o la producción artística en general. Por el hecho concreto, ya desenmascarado por algunas denuncias a nivel mundial, de que dichos directores de producción son protegidos por las grandes empresas de la conducción artística global en el mundo y sus abogados privados, igualmente cómplices del machismo internacional, es necesario que pongamos claros los términos o límites, igualmente internacionales, que deben poner coto a dichas ausencias de moral y ética relacionales que, culminan en un sabotaje hecho a propósito, contra la realización de una sana inspiración para crear obras de arte totales en estos campos artísticos donde reina una brutal competencia desleal por alcanzar los puestos, los roles, las conducciones, la publicidad, la distribución y reproducción, etc., de las obras organizadas, creadas y producidas.

Un mal director de producción cineasta, teatral y de la moda, es por lo general, una mala persona, que no sabe controlar su ira interna ni expresar emociones sanas y que, por lo tanto, se desquita su propia incapacidad para ser verdaderamente original y creador de una totalidad completa en el arte, porque no sabe cómo conducirse con las personas que están bajo su dirección, y a las que debería proteger y comprender, porque estos ambientes están muy cargados de estrés, agotamiento físico, emocional y psicológico, fatiga, ansiedad, incluso miedo al desdoblamiento de la personalidad del artista para representar un papel que le guste al público. Esto significa, que, en la puesta en escena, todos, director y conjunto de integrantes escénicos, dependen emocionalmente de la aprobación, admiración, encanto y fascinación de públicos, cada vez más exigentes de emociones fuertes, oscuridad, rapidez y violencia en el arte, y que, por eso, también posee poder sobre los representantes escénicos. Un círculo vicioso creado por la industria capitalista, sólo organizada con la intención de vender y no para formar ciudadanos que se auto controlen y con capacidad de facultad interna rectora en sus propias conductas.

En este sentido, muchos directores de producción artística, creen que hacer desnudarse a los actores, actrices y modelos en escenas de sexo y desnudos en general; insultar y denigrar con “contenidos” sexuales a los actores, actrices y modelos; invitar a estos a usar drogas para soportar la tensión que ellos mismos alimentan; invitar a las actrices y modelos mujeres a sus habitaciones privadas para abusarlas sexualmente o denigrarlas con la promesa de que van a obtener el papel sobre todo protagónico en una película, obra de teatro o desfile de moda y promover con este propósito relaciones de competencia extrema entre ellas; obligar a los integrantes escénicos a realizar obras mediocres, opacas, denigrantes, de sexo barato, crudo y brutal, de apología a las mafias y el narcotráfico, de culto a la muerte y el suicidio; de violencia contra las mujeres, las niñas, las adolescentes y todos aquellos que se encuentran subordinados a su relación de poder; invadir el ámbito privado e íntimos de los integrantes escénicos; en fin, esos directores de producción artística, así como actores varones, jefes, conductores, diseñadores, etc., que promueven la falta de convivencia empática y comprensiva entre todas las personas, serán inevitablemente enviados al bodegón del silencio histórico, donde les espera el inodoro de la historia para ser tragados por el olvido y la fuerza de la memoria. ¡Iremos de individuo en individuo, de cada quién según su compromiso con el respeto mutuo y el respeto universal de la y por la especie humana!

En este sentido, enumeramos las 12 reglas de oro para mejorar la convivencia ahora y siempre, bajo la máxima ética relacional universal “Me cuido, te cuido, nos cuidamos, cuidamos”:

  1. Cuido. Mantengo una actitud de cuidado conmigo, con las personas que me rodean y con el planeta y sus seres vivos. Respeto las diferencias, trato al resto como me gustaría que me tratasen a mí y procuro servir de ejemplo.
  2. Aprendo. A reconocer aquello que me incomoda, a poner en práctica técnicas de comunicación y actitudes de respeto, así como a ponerme en el lugar de la otra persona (empatía).
  3. Comunico. Cuando tengo alguna incomodidad con alguien intento comunicarme con esa persona primero, si está abierta al diálogo.
  4. Pongo límites. Cuando algo me resulta incómodo valoro si es el momento de poner límites que me cuiden y sean respetuosos.
  5. Soluciono. Busco fórmulas para el crecimiento y el aprendizaje en el conflicto. Si la situación se complica busco ayuda imparcial en mi entorno.
  6. Distingo. Aprendo a diferenciar las actitudes de cuidado y protección de las violentas y de control y manipulación.
  7. Freno. No permito actitudes violentas dirigidas hacia mi o que se desarrollen en mi entorno.
  8. Evito utilizar acciones violentas. Si lo hago, lo reconozco y trato de compensar el daño generado.
  9. Actúo. Ante el maltrato y el abuso no actuar sólo beneficia a quien más daño hace. Aprendo a distinguir un conflicto de un abuso y no permito este último.
  10. Denuncio. Acudo a las instancias institucionales debidas acompañada de los verdaderos amigos, amigas o testigos que puedan ayudarme a rastrear, investigar y penalizar al agresor o agresora, para el debido castigo penal, sobre todo en situaciones donde no llega la ley.
  11. Pido ayuda especializada. Cuando no sé cómo actuar busco ayuda profesional capacitada y actualizada para comprender en toda su extensión la situación de violencia sufrida” (Véase Violenciacero.org).

Finalmente, creemos que, especialmente la moda, puede ayudar mucho con sus diseños y colores, a alertar, denunciar, neutralizar, y, sobre todo, advertir a un posible agresor o agresora, que es mejor si reprime y controla su violencia interior, y que pagará inevitablemente las consecuencias si no se atiene a la advertencia. Se trata, sin discusiones superficiales ni titubeos, de la conversión de la producción artística en una obra de arte total desde relaciones humanas que puedan llamarse realmente como tal o sea solidarias con la evolución de toda la especie sin excepción porque todos los seres humanos somos creadores de algo mejor, y por lo tanto, capaces de algo mejor.

 

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.