Como señala Ina Kraft, en su ensayo titulado “Por un ejército virtuoso democráticamente”, publicado en febrero de 2026, la situación de la seguridad nacional externa e interna de Alemania y los países europeos se encuentra bajo una gran presión porque Europa se enfrenta a un doble reto: debe reaccionar ante una política exterior rusa agresiva y a un distanciamiento estratégico por parte de los Estados Unidos de América respecto a Europa.
Desde esta perspectiva, creer que la transformación autocrática global que hoy vivimos en todo el mundo, se limita exclusivamente a las clásicas instituciones de la política interior, como la justicia, los parlamentos, los sistemas electorales o los medios de comunicación, es creer en una visión que se queda muy corta. Pues, también el ejército, que está llamado a proteger al Estado de las agresiones externas y que no juega casi ningún papel en la política interior de las democracias como Alemania, puede caer en tendencias autoritarias.
Esto quedó claro durante el primer período presidencial del presidente norteamericano, Donald Trump en 2017-2020, cuando éste intentó instrumentalizar al ejército desde mecanismos autocráticos para fines de política interna. Por eso Trump se dejó fotografiar, en junio de 2020, junto a su General jefe de las Fuerzas Armadas, Mark Milley, en el Lafayette Square en Washington, luego que días antes, las fuerzas de seguridad hubiesen reprimido violentamente a manifestantes pacíficos. Ante las reacciones que se alzaron en contra, días después, el propio General Milley declaró que ello había sido un error.
En el actual período presidencial de Trump este ha despedido a varios generales, como Charles Q. Brown, y a otros militares de alto rango por oponerse a su política autócrata y de culto personalista.
La política respecto a los militares, como también señala Ina Kraft, obedece a la ideología del soldado apolítico que debe someterse y ejecutar todas las órdenes de sus superiores, aunque éstas sean injustas. Esta ideología se encuentra plasmada sobre todo en el libro “El soldado y el Estado” de Samuel Huntington, en el que se establece un tipo de cultura militar meramente mecanicista y no reflexiva, que por eso incapacita al soldado y al militar para cuestionar y problematizar órdenes que atenten contra los principios del Estado de Derecho y el Derecho Internacional de los Pueblos. Ya Trump ha dicho que “él se encuentra por encima del Derecho”.
Hacia dónde puede conducir esta cultura poco autónoma lo detallaremos en un próximo ensayo acerca del terrorismo de izquierda y de derecha en Italia e Israel, así como la complicidad de ciertos generales del ejército en dichos eventos.
Justamente, previendo una tal situación de extremismo político de derecha y de izquierda, y dada la experiencia histórica con el nazismo, el ejército alemán se ha preocupado por formar a sus soldados y militares en todos sus rangos, en el principio de la “intradirección” o “liderazgo interno” que permite al soldado deliberar sobre todo antes de ser utilizado para atacar a la propia población, algo que incluso le prohíbe la propia Constitución de la República Federal de Alemania.
Por dicha experiencia democrática y la promesa de no agresión a otros países, es que la defensa estratégica de la democracia, en caso de que Trump dispusiese abandonar la OTAN, la dirección de la misma debe recaer en un General alemán, que sepa distinguir muy bien entre autocratismo, autoritarismo y totalitarismo de la democracia patriótica de defensa de los intereses nacionales y de toda la nación humana de forma conjunta, uniendo así un particularismo democrático con un universalismo de una totalidad filosóficamente fundamentada para garantizar la paz perpetua en toda la Humanidad y el mundo.
Los acontecimientos de violenta provocación ocurridos el miércoles 25 de febrero del presente año en las costas de Cuba, realizados por individuos mercenarios aislados, pueden ser la chispa que haga estallar una invasión de la isla por parte de Trump, algo que se complica más dada la precaria y desastrosa situación de la población cubana ante su régimen autoritario. Pero invadir Cuba y convertirla en una colonia o protectorado Yankee tampoco constituye la solución y no es la voluntad de los cubanos.
Por el momento, solo podemos pensar en evitar otra guerra civil al proponer una Ética Militar Relacional Deliberativa que forme políticamente un nuevo tipo de soldado, capacitado para la defensa estratégica y no solo táctica, de los derechos humanos ante políticos y líderes autoritarios y autócratas criminales y corruptos, y se rebelen a sus órdenes personalistas y populistas de manipulación del ejército y los pueblos.
El soldado y el militar relacionales serían aquellos que están dispuestos a combatir heroicamente contra la corrupción, el crimen organizado, el narcotráfico, el terrorismo de izquierda y de derecha y el abuso de poder de políticos que no terminan de entender la función social de las relaciones humanas: vivir y morir para comprenderse mejor unos a otros, desde la humanización y la civilización de una historia en que la paz se logre no por medio de la fuerza sino por medio del encuentro mutuo del punto medio garantizado para proteger la vida en el planeta como fin primario y último de una Humanidad democráticamente Liberada.


