Pensar estratégicamente la Humanidad

symbol of geopolitics in the world with chess pieces. 3D illustration.

Pensar estratégicamente la Humanidad significa establecer de forma humanística cómo deben comportarse las naciones, en especial las grandes potencias mundiales, para crear una geopolítica relacional lumínica de determinación y autodeterminación inventivas de la paz perpetua en un mundo confiable y esperanzado.

Ello, comienza por definir el comportamiento de cada pueblo en su marcha inexorable hacia la libertad, entendida ésta como la tranquilidad interior de cada uno de sus individuos asociados lograda a través de la posibilidad de auto desarrollo personal y social, porque poseen las condiciones materiales y espirituales para ser libres y no caer en el libertinaje y el extremismo al que conducen la “Tiranía del Tactismo”. Significa, entonces, aprender a hacer uso de la libertad para vencer el miedo y la ignorancia que nos impiden lograr la paz por medios pacíficos y de manera consciente consensuada flexiblemente al aprender a decir no.

Definir, pues, igualmente, el comportamiento de los imperios actuales, norteamericano, chino y ruso, para que la geopolítica pueda volverse y devenir relacional lumínica y no caiga en el “abismo irreparable de la guerra”, como ha dicho el Papa León, sino que, junto a la Unión Europea, devenga un Cuarto Imperio de la Mundialidad Humanística, se precisa que Grecia, Alemania, Francia, Italia y Hungría se conviertan en potencias nucleares, si Estados Unidos de América decide retirar sus bombas atómicas, sus ojivas, sus misiles y sus bases militares de Europa o Alemania. Lo anterior, porque estos cinco países europeos son los que poseen una mayor tradición filosófica en el mundo para convertirse en guardianes de la paz entre todas las naciones, en tanto, centros de mediación vital para lograr materializar de manera concreta y práctica el patriotismo democrático del relacionismo internacional.

Los principios de ese patriotismo democrático relacional pueden ser los siguientes:

  1. Principio de no agresión o invasión de otras naciones, pueblos o poblaciones.
  2. Principio de no agresión de la propia población o las propias minorías (étnicas, culturales, de género, políticas, etc.).
  3. Principio democrático del deber de escuchar atentamente las demandas de los propios pueblos y las minorías.
  4. Principio de defensa regulada en caso de agresión externa.
  5. Principio de salvaguardia del pueblo de una “tiranía de la mayoría”, como estableciese Alexis de Tocqueville.
  6. Principio de salvaguardia del pueblo de una “tiranía de élites minoritarias”, tales como los oligarcas, las élites religiosas fundamentalistas y autoritarias, políticos totalitarios, capital financiero o bancos, multimillonarios, empresarios o militares corruptos, etc.
  7. Principio de creación de espacios de expansión de la cultura nacional propia en armonía con la totalidad universal que representa la Humanidad a cuyo enriquecimiento espiritual contribuyen todas las culturas del mundo.
  8. Principio de supeditación cuidadosa del concepto real, históricamente logrado, y objetivo de nación a la categoría universal de Humanidad para contener siempre a tiempo al chovinismo nacionalista y al totalitarismo, así como al islamismo fundamentalista religioso extremo.
  9. Principio de establecimiento de una Ética Política Relacional Mundial de la autocontención y el control de cada nación y su territorio en aras de una gobernanza dialéctica del mundo que reduzca la intervención bélica por “razones de Estado”, porque cada nación aporta históricamente a la convergencia y cooperación pacíficas mundiales.
  10. Principio de defensa estratégica de la identidad nacional desde la contención y la mediación dialógica y diplomática de las Relaciones Internacionales en la medida en que cada líder político y su equipo de trabajo, y cada nación aprenden a saber hacerse más pequeños y hacerse más grandes en el diálogo deliberativo común para no provocar, no denigrar, no humillar a otros y no violentar principios y valores comunes, tal como exigía Karl Mannheim.
  11. Principio de protección de la nación, históricamente lograda y porque este concepto no es simplemente un mito, a través de la contención de la migración excesiva, en tanto cada país se reserva el derecho de abrir o cerrar y restringir sus fronteras.
  12. Principio de la creación de valores estratégicos de un humanismo universal revolucionario contra el racismo, la xenofobia, la aporofobia, la discriminación de géneros y de la mujer, la explotación económica, la desigualdad, la pobreza y la injusticia social. Estos valores se pueden ir resumiendo poco a poco al ir tomándolos de los filósofos, los físicos y los científicos más humanistas de todas las culturas y los continentes.
  13. Principio de la creencia fundamentada total en la luminosidad del espíritu humano y la posibilidad de la realización de una utopía de la convivencia iluminada positivamente sobre una Tierra más cooperativa, empática, segura y solidaria, y más adaptada a la evolución perfectible de las especies, porque la utopía no constituye nunca “una sociedad perfecta”, sino una sociedad que puede solucionar pacíficamente los conflictos y problemas que van surgiendo en ella ya que es o constituye “una señal de Dios” para superar toda forma de violencia del género humano contra el género humano y sus seres.

(Segunda versión del texto ampliada y más completa).

A debate.

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Categorizado como Filosofía

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

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