Si hacemos un enfoque filosófico universal de la economía globalizada del mundo de hoy, veremos que el viejo enfoque marxista-leninista con su concepto de clase social, división y lucha de clases resulta ya demasiado reduccionista, rígido y esquemático para analizar y comprender el resurgimiento de los actuales actores sociales, políticos y económicos, sobre todo de la resistencia ciudadana mundial, que, en la actualidad, se conforma de los pueblos, las poblaciones alzadas, la persona humana, los individuos de buena fe y en fin, todos los seres humanos responsables y conscientes del planeta Tierra. Ahora la historia no la hacen solamente las clases sociales, las castas tribales o los estamentos rígidos, sino las familias y los distintos grupos de ciudadanos de avanzada y los seres humanos responsables y conscientes, como las mujeres que están denunciando en todo el mundo, los casos de abuso, acoso sexual, y feminicidio, exigiendo castigo para sus perpetradores y a los cómplices que les hacen comparsa y los encubren.
La dialéctica interna de la sociedad contemporánea ya no necesita de una sola vanguardia de clase, como veía el marxismo-leninismo en la clase obrera, porque ahora es toda la población trabajadora, entre obreros, campesinos, maestros, médicos, etc., la que lleva la batuta en la protesta social y le hace frente a la impunidad galopante que reina en la sociedad capitalista o el socialismo antidemocrático. Hoy en día, hablamos de trabajadores (como los de la maquila) y campesinos de amplio origen y lugares de trabajo y de la fuerza indígena, la fuerza ambientalista, la fuerza de los defensores de los derechos humanos u otros participantes rurales y urbanos como la fuerza estudiantil, la fuerza de la juventud y los adultos mayores con espíritu joven, la fuerza de la diversidad sexual, etc., en fin, muchas y múltiples fuerzas de vanguardia organizada que están siendo asesinados bárbaramente, pero que convergen en una multitud de banderas plurales identitarias basadas en la dialéctica cultural entre identidad y diferencia, porque el centro de la lucha mundial ya no es simplemente económico y político, sino de precisión intercultural del ser humano por encontrar un lugar definido moral y cívicamente en un mundo que no ha sido ni es justo. No en vano estamos hablando ya de empresas multinacionales y de la aplicación de la “inteligencia cultural y ética” en las empresas del siglo XXI para tener éxito en los negocios. Eso significa, el desplazamiento de las oligarquías financieras (ligadas a los bancos y que hacen negocios con el Estado) y dependientes, y representa, además, la necesidad urgente de una reestructuración del papel injerencista del Fondo Monetario Internacional con sus políticas neoliberales de ajuste estructural que solo ajustan los cinturones a las poblaciones de los países donde son aplicadas, porque las élites locales corruptas con sus oligarquías latifundistas monopolistas y sus burguesías antipatrióticas, por incapacidad de competir internacionalmente, se van por el camino fácil de la corrupción política y moral, sin ajustarse ellas mismas, ya que la verdad es que no quieren el desarrollo de ningún tipo, porque la pobreza y la violencia, así como la política se han vuelto un gran negocio.
Pero la evolución humana no se puede detener y las está dejando atrás en la medida en que su falta de credibilidad ha terminado por desprestigiarlas profundamente. Para el caso, en Honduras tenemos una burguesía terrateniente feudal hondureña dependiente y antipatriótica que ha vendido y sigue vendiendo los recursos naturales del país a las transnacionales, y que, junto a la oligarquía financiera de origen árabe-palestino, actualmente en el poder y el gobierno, mantiene el mercado interno cautivo y se niega a modernizar la economía nacional interculturalmente, como debería de ser una verdadera política nacionalista del desarrollo.
Pero ya no es necesario tener una burguesía nacional para que exista un movimiento popular sindicalizado, ante los miles de asalariados empobrecidos que dicha burguesía oligárquica mantiene bajo su control. Ello, porque ahora el movimiento ciudadano en su conjunto, ha desplazado a la misma clase obrera y ya vuelve innecesaria la existencia de una burguesía nacional como condición previa de la transformación revolucionaria del país. Ese movimiento gigantesco viene, pese a toda la desesperanza y toda la pérdida de valores que caracteriza a la sociedad hondureña actual y mundial, porque ahora es el individuo ciudadano el protagonista con poder de luchar y denunciar, o en el movimiento de médicos y trabajadores despedidos del servicio de limpieza, reclamando sus derechos; o en el movimiento ciudadano mundial por parar los asesinatos selectivos en las distintas profesiones y gremios a nivel de América Latina y el mundo, y por parar los extremismos ultranacionalistas de Trump, Putin y Xi Jinping, etc., los que están tomando el camino pacífico de la lucha social que se enmarca en el Derecho Internacional de los Pueblos.
En la actualidad y aunque no lo parezca, hay más posibilidad de unificación ciudadana que antes cuando se creía a la clase obrera como única dirigente, al irse superando las fronteras culturales y políticas, porque la lucha es universal por el bien de la Humanidad y no solo de un individuo, una familia, un grupo o un país. Ya existe una mayor comprensión de la necesidad de preguntar ¿por qué? en historia, por ejemplo, ¿por qué hay guerras?, ¿por qué las guerras justas no existen en realidad?, o ¿por qué el poder nunca es omnímodo y se puede horadar nacional y universalmente? En nuestro tiempo, se va comprendiendo mejor que el verdadero poder reside en la persona humana como sujeto de cambios auténticos que puede botar presidentes y enjuiciarlos por abuso de poder ilegítimo e ilegalidad, sobre todo si se organizan las personas siguiendo el derecho a la desobediencia civil movilizada para organizar la economía nacional de forma intercultural sin perder la raíz histórica de la identidad nacional relevante, y sin perder las raíces de nuestros referentes morales, políticos, cívicos y éticos. En una sociedad, en toda sociedad, siempre hay referentes a los que acudir.
Hablamos de organizarnos interculturalmente, porque las mafias internacionales del tráfico de armas, el tráfico de drogas, la prostitución, la trata de blancas, el tráfico de órganos, el armamentismo nuclear, etc., hace tiempo que se han organizado en base a identidades culturales en los distintos países, por lo que debemos hacer frente a esa falsa interculturalidad entre corruptos y corruptores con la fuerza de la cultura relacional de humanización y democratización de la economía en resistencia, para atacar de raíz la dependencia emocional, sicológica, cultural, política y económica ante los individuos que usan la identidad cultural para flagelar al pueblo sin destruir para siempre al capital parasitario del mundo, con sus mecanismos sádicos y violentos de distribución económico-social injustos y desproporcionados de la riqueza que otros construyen para ellos.
Lograremos reubicarnos moral y cívicamente si aprendemos a decir no en historia y rechazando de forma contundente a los que plantean que para dicha situación de falsedad existencial no hay alternativa. El Movimiento Ciudadano Hondureño Intercultural y Mundial alza el vuelo a la velocidad del halcón hacia el destino histórico de la Humanidad que vence humildemente a la soberbia, y nos impele a la Resistencia Civil organizada en movimientos sociales que puedan detener la avalancha falsamente intercultural de Nasry Asfura, de origen familiar árabe-palestino y sus cómplices con su indulto por parte de la justicia que están aplicando en su gobierno, al ex presidente, de su mismo Partido Nacional, Juan Orlando Hernández, enjuiciado por narcotráfico en Estados Unidos de América y al que también indultase, el presidente criminal norteamericano, Donald Trump.
No desmayemos, no caigamos en la desesperanza, porque, tarde o temprano, las poblaciones del mundo se unirán cultural y políticamente por una verdadera Economía Alternativa Intercultural al capitalismo neoliberal estractivista que nos asesina en la actualidad. Las poblaciones del mundo, incluyendo a la familia hondureña y a las personas conscientes no quieren más de lo mismo, sino oportunidades de desarrollo que signifiquen un verdadero progreso moral, espiritual y ciudadano para todos sus integrantes. No queremos más oligarcas poderosos de origen extranjero al frente de nuestra economía nacional ni funcionarios o presidentes hondureños ligados al narcotráfico, sino un modelo integrado por diferentes culturas que no atropelle nuestra conciencia nacional y no humille más al pueblo hondureño. Adelante conciudadanos, que la cultura mundial es un arma más poderosa que los mezquinos intereses de pocas familias que se creen con poder omnímodo y por eso abusan de lo que en realidad son y poseen. Honduras, puede lograrlo si se une su sociedad civil y sus partidos políticos más ignorados y minimizados, porque carecen de estructuras caciquistas y caudillistas que solo defienden a familias particulares. ¡El pueblo unido jamás será vendido ni vencido!

