Humanismo para tiempos de guerras

Erich Fromm, el gran humanista, filósofo y psicólogo social alemán, escribió su Credo de un Humanista en 1965, en el cual plasmó la importancia de creer de manera inclaudicable en el ser humano, pese a que la historia humana pareciera volverse y encontrarse contra este último, y, por tanto, ser su enemiga acérrima.

Fromm nos habla en este escrito acerca de la unidad del hombre o del ser humano desde la consciencia de su propio ser, que, desde su fragilidad frente a la muerte, puede unirse como conciencia universal para sí mismo en los demás, en una identidad que se encuentra en las diferencias, en los diferentes seres que habitan la Tierra. Por eso: “el hombre es consciente del otro en cuanto otro” y en esa diferencialidad unívocamente especial, puede comprender ¿por qué es uno? y por qué no es idéntico de forma absoluta respecto a los demás, aunque sea igual a estos en deberes y derechos.

El ser humano, señala Fromm, se encuentra en la naturaleza y está sometido a sus leyes, aunque la trascienda con su pensamiento. Pero ese sometimiento le da, al mismo tiempo, la oportunidad de saber qué hacer en cuanto que se trata de un determinismo natural e histórico que no le impide ver infinitud de posibilidades de desarrollo para sí mismo y para la especie humana de la que forma parte. En este sentido, el sometimiento no es absoluto, sino que media con él, el sentido de su libertad por la posibilidad de elegir siempre el principio eterno de la vida y de que la vida evolucione armónicamente y solucionando los misterios de la naturaleza de forma convivial con un mundo habitable creado por este hombre consciente que por eso sabe elegir correctamente. De ahí, que el segundo párrafo del Credo diga: “Creo que el hombre es consecuencia de la evolución natural: que ha nacido del conflicto de estar preso y separado de la naturaleza y de la necesidad de hallar unidad y armonía con ella”.

Fromm fue un gran pacifista de su tiempo. Condenó vehementemente la guerra de Vietnam y la Guerra Fría que colocaba a la Humanidad entre la disyuntiva de seguir el camino capitalista o sucumbir a la hecatombe nuclear. Esa disyuntiva continúa presente en nuestros días. El capitalismo neoliberal continúa amenazando, especialmente en la figura de Donald Trump, a toda la Humanidad con la Tercera Guerra Nuclear que, para muchos, ya ha comenzado; mientras su adláter Vladimir Putin, amenaza con agredir Alemania y Europa si se continúa apoyando la defensa militar de Ucrania. En esas amenazas no hay unidad entre el hombre y la naturaleza, porque se violenta la relación armónica con ésta última, al destruir su ley más profunda que establece que: “toda acción exige una reacción por parte de fuerzas físicas invisibles”, sobre las cuales no podemos los seres humanos simplemente menospreciar su efecto sobre la propia Humanidad. La acción de bombardear Irán, como ha expresado Trump, llevará a una reacción impredecible y extenderá la violencia por todo el orbe. De igual forma, la acción de asesinar periodistas libaneses por parte de los militares israelitas y su comandante Netanyahu, generará aún mayor separación entre la unidad humana y el curso natural de una historia unida a esta unidad.

Lo anterior es, como señala Fromm, una incoherencia que resulta de esa separación de la unidad natural del mundo que él mismo ha creado y se ha encargado, desde el capitalismo como el sistema más oprobioso del mundo, de conducir la existencia humana a un sentimiento de enajenación y alienación violenta de sus propias características racionales y reflexivas, reduciendo la voluntad humana a un determinismo del Mal que genera el malestar de toda una era de aceleración del tactismo belicista, que plantea como única solución a la violencia insalvable. Por eso Fromm señala: “Creo que toda solución a todas estas incoherencias puede cumplir realmente la condición de ayudar al hombre a superar el sentimiento de separación y a lograr un sentimiento de concordancia, comunidad y participación”. Y, esto se logra en la medida en que sigamos defendiendo la paz perpetua entre todas las naciones y la necesidad imprescindible de superar los actuales poderes del mundo que hacen de la guerra el capital más mortíferamente cargado de plusvalía y ganancias económicas extremas. Ello a costa de la muerte de miles y millones de seres humanos, cuya condición humana carece de todo valor para dichas empresas, bancos y políticos de la muerte.

Fromm, agrega: “Creo que, en toda solución a estas incoherencias, el hombre sólo tiene la posibilidad de escoger entre avanzar o retroceder. Estas opciones, que se manifiestan en actos precisos, son medios para rebajar o para desarrollar la humanidad que llevamos dentro”.

Y, además: “Creo que la alternativa fundamental para el hombre es la elección entre “vida” y “muerte”, entre creatividad y violencia destructiva, entre la realidad y el engaño, entre la objetividad y la intolerancia, entre fraternidad con independencia y dominio con sometimiento”.

Está claro que Trump, Putin y Netanyahu han elegido la opción de la “muerte”. Están más interesados en matar, asesinar y morir, que en vivir ellos mismos junto a los demás pueblos, individuos y familias que les rodean. La historia, sin embargo, tiene muchas opciones, alternativas y posibilidades dentro de la doble disyuntiva “vida” o “muerte”. La historia nos reafirma en la convicción de que la elección por la vida es más enriquecedora, más sublime, más vivificante, más completa y más comprometida con el bienestar individual y colectivo, que la simple opción porque la especie humana desaparezca y se autoelimine, sobre todo sin luchar y resignadamente.

Precisamente, porque la historia es la posibilidad infinita de evolución de la vida hacia una sociedad con criterio de superación de toda necrofilia regresiva, es que podemos esperar todavía en que se encontrará una solución aceptable para todos los bandos participantes de estos conflictos letales que amenazan con hacer desaparecer culturas enteras, civilizaciones logradas, pueblos concretados en el afán de insertar su propio espacio civilizatorio en la unidad de toda la especie humana vista como un todo, cuyas partes se complementan y enriquecen vitalmente entre sí, porque se abrazan en una sola cultura de la fraternidad independiente patrióticamente democrática que no acepta ni aceptará jamás el dominio imperial del sometimiento. La iniciativa de la paz está en sus manos, líderes de las potencias mundiales: Trump, Putin, Netanyahu y Xi Jinping. Esperamos su acción conjunta por la negociación mediadora efectiva que puede ceder dialógicamente y sin soberbia, al interlocutor dialogante recíproco. De lo contrario, habrá reacción, y puede que ésta ya no sea tan comprensiva.

PENSAMIENTO POSITIVO PARA LA HUMANIDAD TODA

Publicada el
Categorizado como Filosofía

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *