La Utopía en el Quijote de la Mancha

Don Miguel de Cervantes Saavedra publicó la primera parte de su novela caballeresca, el célebre Don Quijote de la Mancha, el 16 de enero de 1605, que se convertiría en uno de los romances más auténticos y sinceros de la literatura española y universal.

En ella encontramos también una concepción de utopía acerca de la precedencia histórica de una sociedad más justa en lo que Cervantes llama “la edad de oro de la Humanidad”. El pasaje que más ilustra la existencia de una utopía localizada en la mejor historia del mundo humano, se encuentra, sin duda, en el famoso discurso a los cabreros, cuyo fragmento reproducimos a continuación:

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia. […] Toda esta larga arenga (que se pudiera muy bien excusar) dijo nuestro caballero, porque las bellotas que le dieron le trajeron a la memoria la edad dorada, y antojósele hacer aquel inútil razonamiento a los cabreros, que, sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando. Sancho asimesmo callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque, que, porque se enfriase el vino, le tenían colgado de un alcornoque. Más tardó en hablar don Quijote que en acabarse la cena…”  (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, I, XI).

Como podemos observar, este pasaje es una abierta y clara crítica a las consecuencias divisionistas de los seres humanos que trajese consigo el surgimiento de la propiedad privada en la historia de la Humanidad. No había mayores conflictos hasta que apareció la idea de apropiarse unilateralmente los frutos del trabajo y hasta que a un infeliz se le ocurrió empezar a cercar el territorio de la comunidad para declararlo propiedad exclusiva suya.

Al mismo tiempo, el discurso a los cabreros u ovejeros es un señalamiento acerca de que en esa edad dorada no era el oro el mayor bien codiciado por las personas, sino el compartir todos juntos y distribuirse justamente la riqueza cosechada de manera igualitaria por todos los individuos trabajadores, que entonces eran asociados para unir sus esfuerzos en aras del bien de toda la comunidad, toda la sociedad en la que no existía el trato desigual y la injusticia socioeconómica, y en el que por eso no reinaba la violencia, sino la paz entre todos.

Hemos traído a colación el relato de esta utopía originaria no porque creamos que se trata simplemente de una “quijotada” más de un caballero que ha perdido la razón y se regodea en sus propias ensoñaciones, sino porque en la Honduras de hoy, toda sumida en una violencia estructural, que, por ejemplo, despoja a las comunidades garífunas de sus tierras ancestrales y comunes, las reprime militarmente y las somete a una presión continúa de amenazas a la vida de sus integrantes, viene bien recordar que en la historia de las comunidades siempre ha habido un sueño en común, basado en un espíritu de sentido comunitario que protege la sencillez de los hábitos de un trabajo cotidiano que no explota más de los límites a la naturaleza en que se habita conjuntamente.

La utopía y su defensa, conlleva a la desobediencia civil y la resistencia sostenida ante tanto abuso de poder, injusticia y racismo estructural, que despoja a nuestras comunidades originales de sus derechos y solo les impone deberes desigualmente establecidos.

Lo mismo se señala para el resto de la sociedad hondureña y su sufrida población que ya se está quedando sin bosques y sin agua, mientras ministros y funcionarios del gobierno del árabe Nasry Asfura, se aumentan considerablemente el sueldo, sin rendir cuentas y sin transparentar sus gastos y millones.

Este gobierno nacionalista también avanza en el despojo del territorio nacional con su pretendido acercamiento a las empresas ZEDES que desean instaurar territorios intocables en el país, en los cuales no puede aplicarse la ley hondureña, porque estas instituciones alienantes se autogobiernan a sí mismas, al margen del Estado y la policía y la justicia de Honduras. Al mismo tiempo, el gobierno injusto actual avanza en la privatización de las instituciones gubernamentales que regulan y administran la electricidad y el agua potable, etc.

Los cabreros escuchan atentos a Don Quijote

Ante tanta injerencia y violentación gubernamental en los derechos populares con dicha injusta distribución de la riqueza, vale la pena, repetimos, traer a colación no solo el ensueño, sino el verdadero ideal del justo compartir para beneficio de todos y no solo de unos pocos, y continuar luchando material y concretamente por el autocontrol cívico y moral de un gobierno que está dando muestras de carecer de verdadero espíritu de sentido comunitario nacional. ¡Seamos abejas de dulcísimo trabajo compartido en forma desinteresada y sincera! ¡Aprendamos de Don Quijote y no le olvidemos!

Don Miguel de Cervantes Saavedra

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

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