Bashr Al-Asad, del clan sirio de Hafez Al-Asad, se erigió en dictador de Siria, a la muerte de su padre en el 2000, solo que habiendo estudiado Medicina en la Universidad de Damasco y habiéndose casado con una economista de origen sirio, nacida en Londres, criada y educada en el Reino Unido, mostraba así a nivel internacional una imagen moderna y occidentalizada, que encubría su verdadero carácter represivo respecto a su propia población siria, que lo apodaría “El carnicero de Damasco”.
En el 2011 y producto de la brutal represión que se vivía bajo su mandato dictatorial, la población civil realizó un levantamiento popular pacífico y fue reprimida militarmente por el ejército sirio, comandado por el hermano de Al-Asad, Maher, el cuál es responsable, igual que Bashr, del asesinato de más de 500,000 personas, 200,000 desparecidos y 4 millones de sirios que huyeron de su país, para refugiarse de los crímenes del clan Al-Asad.
Este hecho crudamente violento debilitó al dictador y aumentó la crisis política y económica al llegar la inflación, en el 2020, a superar el 100%, y en el 2024 el 80%. La economía se desplomó e hizo tambalear aún más al régimen ya que la grave crisis impactó en todo el poder adquisitivo de la población.
Sumado a lo anterior, en el 2024, el HTS u Organización para la Liberación del Levante, un grupo islamista sunita rebelde incrementó sus acciones militares y pusieron fin a la dictadura en solo 11 días, dirigidos por el ex yihadista, ex miembro de Al Qaeda, Abu Moham al Yolam.
Ante esa victoria los sirios salieron a las calles de todo el país, y realizaron la llamada “revolución verde” de la primavera árabe. Se habían terminado 54 años de dominación de un clan criminal de dinastía que había reinado como un monarca absoluto y Siria estaba devastada.
Bashar Ashra, el dictador, había atacado a toda la población siria, entre ellos a la minoría sunita y a refugiados palestinos del campo de Yarmuk, con ataques que habían incluido el gas químico tóxico Sarín, que fuera utilizado masivamente contra la revuelta popular y por cuya causa, morirían asfixiadas 1300 civiles inocentes en la ciudad de Gutta.
Pese a las condenas de la comunidad internacional Al-Asad apenas enfrentó sanciones y el régimen, más bien, difundió información que distorsionaba la verdad. Por ejemplo, el intento de desacreditar a la Defensa Civil Siria o los Cascos Blancos que eran rescatistas voluntarios que surgieron en respuesta a estos ataques contra la población.
Entonces, en las calles surgió un levantamiento con lucha armada. El régimen sirio pidió ayuda a Irán para contenerla, y éste envío asistencia financiera, petróleo y también armas contra los insurgentes. Asimismo, Vladimir Putín envió aviones de combate y bombarderos y mercenarios para ayudar a su “compadre” sirio. Ahora se sabe que el plan secreto de Putín con esta “ayuda” era aumentar la guerra civil en Siria con el objetivo de que millones de refugiados sirios salieran a refugiarse a Europa, y así debilitar a las democracias europeas, como Alemania, al tener éstas que acoger a millones de personas en su sociedad y asumir esta carga.
En el 2024, la organización terrorista, “El Estado Islámico”, aprovechó el caos y declaró la instauración de un “califato islámico” en la ciudad de Racca provocando atentados, al noroeste del país, después de que las revueltas habían ocasionado más de 5,000 asesinados, que el régimen decía habían muerto en manos de las minorías sunitas, a las que declaraba responsables de las revueltas. Los Cascos Blancos fueron acusados entonces de terrorismo.
Occidente cambió su posición de condena del régimen sirio y determinó que su objetivo central ahora era el combate del “Estado Islámico” y se concentró en combatirlo hasta casi eliminarlo en el 2019. Asad se recuperó y logró, en el 2020, avanzar en dos tercios del país, por lo que muchos sirios se vieron obligados a huir a Ia ciudad de Idlib donde los rebeldes se habían atrincherado.
Asma Al-Asad, la esposa del dictador, tomó entonces el control financiero de la nación siria, con un grupo de hombres afines a ella, denominados “hombres de la dama”, que controlaban las transacciones inmobiliarias en toda la región, mientras la pobreza se extendía y aumentaba, y la población dependía de la ayuda humanitaria internacional. El régimen recibía la ayuda y la desviaba a través de organizaciones no gubernamentales a su disposición como “La media luna roja”, y la institución “Heridos de la patria”, supuestamente creada para civiles pero que financiaba al ejército que en ese entonces trabajaba con soldados reclutados a la fuerza que cobraban 15 dólares al mes.
Maher Al-Asad, el hermano del presidente dictatorial sirio, comandaba la 4ª. División Blindada de la Guardia Republicana, que era una unidad de élite responsable de confiscar los bienes del enemigo, y cuya actividad consistía en que cada edificio era vaciado por completo. Se llevaban todo lo que encontraban, incluyendo los azulejos de los baños y los enchufes y cables de electricidad. Maher, sería, posteriormente, recibido en asilo por Putín en Rusia, igual que todo el clan Al-Asad, a pesar de que Maher utilizara sus contactos en los países árabes vecinos para inundarlos de droga. En el 2020 se traficaban 300 y 400 millones de pastillas de captagon, droga sintética estimulante, al año, lo que equivale a 2,000 o 3,000 millones de dólares, una cifra que deja pequeños a los propios políticos narcotraficantes latinoamericanos.
Desde Idlib en el 2026, los islamistas se desvincularon del yihadismo, pero el HTS creó en la ciudad un Estado autoritario con policías, ejércitos y universidades, garantizados por la ayuda de Turquía que suministraba servicio eléctrico y acceso a bienes. La región recibió más de 4 millones de personas, pero los ataques desde el gobierno y desde Rusia no cesaron y más bien se incrementaron. Rusia era conocida por atacar con la táctica del “doble golpe” ya que bombardeaban un lugar y luego regresaban para volver a golpear el mismo lugar. Los del ejército sirio, en cambio, bombardeaban cualquier lugar, sin importar si era zona residencial u objetivos civiles, y retornaban rápidamente al aeropuerto.
El 6 de febrero del 2023, dos fuertes terremotos sacudieron Siria, generando más de 2,600 muertos. Entonces Al-Asad posó en las zonas controladas por el régimen para devolverse la imagen de ser un salvador del pueblo, pero, en realidad, las mayores destrucciones, por ejemplo, de la ciudad de Alepo no fueron ocasionadas por el terremoto sino por los bombardeos sirios y rusos.
Debido a la catástrofe del terremoto el régimen recibió ayuda internacional y ello presentó la excusa a Occidente para retomar relaciones diplomáticas con Siria. Italia, envió en 2024, su embajador oficial. De ese modo, la presión por reiniciar relaciones internacionales aumentó y Al-Asad fue recibido con honores en Arabia Saudita, en la Cumbre de la Liga Árabe, como cualquier otro jefe de Estado, y no como “el criminal carnicero de Damasco”. Después de esta reunión, el matrimonio Al-Asad visitó China y fue recibido muy cordialmente por Xi Jinping. Era obvio que la pareja estaba buscando nuevos aliados. Siria volvió a ser reconocida pero su falta de compromiso respecto al caso del captagón opacó el deseo del dictador de seguir en el poder.
El 7 de octubre de 2023 Israel atacó a los aliados de Hamás en varios países, incluyendo a Siria, en especial sus bases militares, la casa de Maher y el consulado de Irán en Damasco. Sumado a esto, la pobreza extrema de la población al interior del país seguía aumentando. Había niños vagando en las calles y trabajando para subsistir; se traficaba todo, desde alimentos hasta gasolina; los salarios eran de 20 dólares al mes, etc., y la situación era peor que después de la Primera Guerra Mundial.
El 27 de noviembre de 2024, rebeldes sirios y el HTS avanzaron desde Idlib y en once días conquistarían Alepo y Damasco. Dos causas determinaron la caída del dictador sirio: una causa externa fue que Irán retiró su apoyo por encontrarse en guerra con Israel en Líbano, y Rusia retiró también su apoyo, por la guerra con Ucrania. Tanto Irán como Rusia se retiraron de Siria no sin antes Putín ofrecer asilo al clan en Moscú, donde se encuentran gozando hasta ahora del exilio y sin pagar sus crímenes de lesa humanidad. Y una causa interna: el debilitamiento total del ejército sirio, el cual se hallaba agotado y desmoralizado por completo, además, de ser abandonado a su suerte por el régimen.
Miles de hombres, mujeres y niños fueron liberados de las cárceles del dictador, donde habían sido torturados y oprimidos constantemente, Los sirios iniciaban esperanzados una nueva etapa en su vida ciudadana y política, y habían aprendido a exigir derechos democráticos y justicia social y política. Ahora el nuevo presidente pareciera tener deseos de democratizar el país, pero la sombra de la incertidumbre acecha, sobre todo, porque el peligro del ISIS o el Estado Islámico terrorista no se ha acabado. No obstante, Siria se ha liberado de Bashar Al-Asad, al que espera igualmente un destino incierto aunque de juicio y condena seguros, igual que a su cómplice, el otro dictador Vladimír Putin de Rusia. Porque, algo es certero en la historia: Todos los dictadores terminan por caer.



