René Magritte y el mundo de hoy

El movimiento surrealista en la pintura surgió como un vanguardismo en París, después de la Primera Guerra Mundial y alrededor de los años treinta del siglo XX. El surrealismo representa una rebelión de los artistas europeos ante la destrucción de la guerra, en la medida en que desean crear otra realidad basada en los sueños y el inconsciente de Sigmund Freud. Afirman que existe una realidad absoluta que es surreal y que la mente encierra en sus misterios recónditos que permanecen ocultos a simple vista, por lo que la pintura surrealista intentará despojarla de ese velo misterioso y mostrar sus profundos secretos, aunque no lo logre en el intento.

Uno de sus más brillantes y razonables exponentes, es René Magritte (1898-1967), quien fuera uno de los artistas más famosos de Bélgica, asociado al surrealismo, y produjo obras únicas que funcionan como metáforas y acertijos, las cuales llevadas al absurdo reclaman una objeción de conciencia, cuando se las observa más detenidamente.

De algunas de sus frases célebres, la más conocida es en la que afirmó sobre el arte y la visión que “todo lo que vemos esconde otra cosa; siempre queremos ver lo que se esconde en lo que vemos”. Además, dijo: “Me esfuerzo, en la medida de lo posible por realizar únicamente pinturas que despierten misterio con la precisión y el encanto necesario para la vida de las ideas”.

Sobre el misterio y la mente señaló: “La mente ama lo desconocido. Ama las imágenes cuyo significado se desconoce puesto que el significado de la mente misma es desconocido”. Además: “El misterio no significa nada, es incognoscible”, “Ser surrealista significa desterrar de la mente todo recuerdo de lo que se ha de estar siempre atento a lo que nunca ha existido”, y, “Es el misterio lo que ilumina el conocimiento”.

Como vemos el surrealismo, especialmente de Magritte, nos reta a encontrar la verdad como algo oculto en lo que esconde este “universo enigmático”, pero ya partiendo de la tesis de un agnosticismo ontológico desde el que no se puede diferenciar entre realidad y ficción, por lo que la verdad es imposible de conocer. Y esto es así, porque, según los surrealistas, la mente es incognoscible y nos juega imprecisiones e ilusiones engañosas, por lo que no se puede saber si algo es certeza o pura ilusión, especialmente con la información que transmiten los sentidos de la vista y el tacto. En resumen, la realidad, igual que la mente con sus sueños son entes incognoscibles que nos engañan, por lo que cabe solamente rebelarse a dicho falseamiento desde el arte surrealista mismo, aceptando esta única verdad: todo es una simple ficción, nada es real.

Por otro lado, Magritte, intenta, en la confusión en la que se encuentra la mente, resaltar el papel de la realidad misma como ser primario al que retornan todos los seres y las cosas del mundo. Sobre esto señalará dos frases concluyentes: “No hay elección: no hay arte sin vida”, y “Todo hombre tiene derecho a 24 horas de libertad al día”.

El problema filosófico inevitable al que nos llevan los artistas surrealistas, en especial, Magritte, con su pintura “El amor prohibido o los amantes”, en la que aparece una pareja intentando amarse con las cabezas cubiertas cada uno con un velo o capucha, por lo que no se pueden ver sus expresiones de amor y no se puede saber si son sinceros uno con el otro, el problema filosófico que aquí se encierra, repetimos, es el hecho de si podemos saber a ciencia cierta qué verdad encierra el corazón y la mente de cada persona, ¿es alguien sincero o alguien hipócrita? ¿Es alguien qué miente y engaña y aparenta lo que no es, o es alguien auténtico y veraz y recto? Y, sin embargo, incluso desde el arte podemos saber la verdad y tenemos respuesta a dicho problema o pregunta: para saber si alguien miente o es falso basta con que en sus actos y en sus palabras nos ponga en el dilema de no poder resolver el acertijo, porque se comporta unas veces bien y otras veces mal, o sea contradictoriamente. Es sincero y auténtico sólo aquél que posee integridad y es, aunque siempre de modo diferente, igual en sí mismo en todos sus actos y palabras: “Por los hechos los conoceréis”.

En este sentido, en el mundo de hoy, tan lleno de surrealismo y ficción engañosa y falsificadora de la realidad en la que los políticos extremistas y corruptos no desean comprometerse con la luz iluminadora del sol, busquemos no solamente un sentido a la vida, cualquier sentido, sino aquellos misterios que nos dejan pensando en cómo hacer mejor el Bien, cómo mejorar el mundo librándolo de la violencia y del culto a la muerte, porque solamente el amante de la muerte y no de la vida, aceptará posar con una capucha en sus últimos instantes para no develar lo que sienten su rostro y sus ojos: si amor profundo por la vigencia de la especie humana, o feroz odio por los individuos humanos. Este encapuchado o encapuchada, especialmente, sometido también al terror, puede haber renunciado a morir con el rostro descubierto, de cara al sol, y por eso preso o presa verdaderamente las 24 horas, incluso en la hora de su muerte en tanto un misterio más, pero esta vez, con la sana observación interpretadora del amor auténtico, legando, en realidad, un universo iluminado menos miserable como recuerdo en las mentes de los que saben amar, sufrir y gozar verdaderamente. Luego, como también dijo René Magritte: “No hay que temer a la luz del sol, porque casi siempre solo ha servido para iluminar un mundo miserable”.

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

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