Cuando la realidad nos falla nos queda la utopía

TO GO WITH AFP STORY BY ISABEL SANCHEZ - Residents remain outside their homes in Santa Cecilia neighborhood, Comayaguela, Honduras on October 4, 2009, 100 days after the coup d'etat in the country. AFP PHOTO/ Jose CABEZAS (Photo credit should read Jose CABEZAS/AFP via Getty Images)

Si la realidad se nos presenta atroz, cruel, criminal y asesina y busca minar nuestras fuerzas de resiliencia y lucha diaria contra la injusticia y la impunidad, entonces sólo tenemos el camino de la utopía para enfrentarla y neutralizarla, tanto en nuestras mentes, cuerpos y espíritu.

Por eso, a la pregunta, ¿qué es la utopía?, respondemos con firmeza que es la capacidad y la facultad humanas de conmocionar positivamente nuestra conciencia en tanto voluntad de no acceder nunca al chantaje que la falsa realidad nos quiere imponer: que no tengamos ya más esperanza ni soñemos con posibilidades mejores de una realidad concreta de todo el ser que nos haga decirnos y pensar que vale la pena nuestra experiencia y nuestra existencia.

La utopía es, así entendida, la posibilidad del pensamiento humano de trascender la simple manifestación incompleta del ser al imaginar mundos, sociedades e historias y naturaleza mejores y bien cuidadas y protegidas.

Es la contemplación activa de la realidad desde su carácter ontológico positivo para encontrar fuerza interior de energía resiliente y esperanzadora de una construcción bienhechora de la propia historia humana, para que ésta siempre devenga un seguro presente y un seguro porvenir. La utopía es la energía vital con que la imaginación creadora le impregna a la realidad un sentido de legislación ontológica o relacionalidad en tanto historia del ser sintiente, para remontar el vuelo creativo que haga ascender a toda la Humanidad hacia peldaños superiores de su experiencia de simples derrotas. Por eso, la utopía es la segura victoria sobre la supuesta maldición que se cierne sobre el ser humano, de ser un ente limitado y carente de moral y de principios. La utopía es la materialización concreta de los principios y valores de la conducta recta para convencer acerca de la probidad del ser íntegro probado en la praxis real concreta y en el carácter formativo del ejemplo. Un ser humano que puede discernir lo que es verdad y lo que es verdadero, porque lleva el ideal concreto de la verdad en su ser íntimo y en su corazón.

La utopía es, entonces, la búsqueda de la imaginación humana positiva de un conocimiento basado en la verdad que le impregne a la realidad en su brutalidad, formas absolutas de universalización de aquellas certezas que neutralicen la mentira, el engaño, la hipocresía y la falsedad y falta de autenticidad en aquellos individuos que han perdido la capacidad de soñar un mundo mejor para todos y todas. En este sentido, la utopía es la imaginación auténtica del mundo real, o sea, aquella que acaece desde el sujeto humano entendido como persona en forma natural, intuitiva y espontánea desde su mente, espíritu y corazón para hacer el Bien y combatir el Mal.

La utopía es el lugar histórico que existe al margen de un espacio y tiempo determinados, porque siempre se encuentra presente y concretiza a ambos, espacio y tiempo, en la universalización de un pensamiento crítico del mundo que sirva como estrategia del Bien Común, y que no puede ser domesticada, sometida, resignada o vacilantemente dudosa y frágil. Utopía significa, pues, luchar incansablemente hasta el final por el bienestar común de toda la Humanidad y sus seres integrados de forma decisivamente importante y firme.

La utopía es la firmeza del carácter ontológico de la persona humana por reafirmar solo aquella realidad concreta que no le falla, y que le respeta en su dignidad, generándole bienestar común integralmente. La utopía nos va señalando el camino que la realidad pretende acallar y ocultar o encubrir y esconder, porque le ha impuesto un entramado artificial de poderes fácticos con la finalidad de que abandonemos la lucha por la vida digna.

La utopía es lo contrario de la táctica accionista que tiene la realidad y sus entes corruptos de deshacerse de todas aquellas fuerzas constructivas con el objetivo de imponernos el miedo, el terror, la ansiedad y el abatimiento moral, cultural, laboral y educativo. Por eso la utopía y el lenguaje rebelde de su máxima expresión de humanización de la historia y el ser, son los mayores actos de heroísmo de su presencia siempre transparente y lúcida. La utopía es siempre positiva creación alternativa para y sobre el mundo.

La utopía es la forma cognitiva y lingüística que tiene el ser humano de manifestar, expresar y comunicar su fe y su creencia inquebrantables en el mismo ser humano, y en el hecho de que este puede, si lo desea verdaderamente lograr la justicia social verdadera para todos los integrantes de esta común Humanidad.

La utopía, en tanto condición relacional de la vida, nos devuelve la fe y la esperanza en el ser humano, una fe que nunca prescribe y es imperecedera, libre y eterna en el paraíso que podría ser el planeta Tierra, si todos empujáramos en la misma dirección de comunidad espiritual con la raza humana en su conjunto.

Estas reflexiones han surgido porque veo con gran preocupación cómo las noticias nacionales en Honduras, nos hablan del aumento de la saña y el odio en los feminicidios de mujeres; las masacres de campesinos, estudiantes y policías, y los asesinatos de  abogados y periodistas; la creación de leyes por el Congreso Nacional del partido nacionalista en el gobierno, que menoscaban el respeto a la integridad en el campo agrícola, en la lucha de los ambientalistas y defensores de derechos humanos; en la lucha de las etnias indígenas y garífunas, etc.; así como leyes que absuelven políticos y funcionarios conocidos por escándalos de corrupción; el nombramiento de funcionarios en el gobierno nacionalista que tienen escándalos de corrupción y violación de derechos humanos o abuso de poder; no se investigan a los funcionarios del gobierno de la ex presidenta, Xiomara Castro, que se hicieron con fondos públicos dilapidando al Estado desde su ministerio o secretaría respectiva, etc.

Recientemente, me he paseado en taxi por casi toda Comayagüela y he visto con tristeza, como continúa el abandono total de esta parte de la capital, sin que le interese a nadie, sin que le haya interesado al ex alcalde de Libre, Aldana, y a la familia terrateniente oligarca de los Zelaya Castro. Comayagüela se encuentra en ruinas, con edificios quemados o abandonados, el edificio de la antigua alcaldía cerrado y abandonado; los puentes cayéndose a pedazos; el río Chiquito igualmente pestilente y contaminado; edificios históricos abandonados y lugar de dormida de drogadictos, mendigos, crimen organizado y prostitutas; los mercados quemados, descuidados y faltos de organización, mantenimiento e higiene; las calles de tierra, las casas de cartón cayéndose a pedazos; la deforestación de esta parte de la ciudad; en fin, una población capitalina sometida a la ruindad de la pobreza y la negligencia extremas.  ¿Van a cambiar esto los cachurecos actualmente en el poder? Es muy probable que tampoco les importe, pero desde la utopía crearemos formas de organización concreta de la población hondureña para castigar a esos políticos y empresarios que no creen en los hondureños y su fuerza de convicción movilizadora hacia un proceso político resiliente verdaderamente eficaz y honesto. Como pude leer en el blanco muro de la antigua casa presidencial: ¡LIBRE, nunca más! Porque se les olvidó las causas del Golpe de Estado y solo repitieron el estribillo: ¡Prohibido olvidar que somos Resistencia! ¡Ni olvido ni perdón!

A municipal worker gestures in front of a line of riot police standing by whilst supporters of Honduran deposed President Manuel Zelaya protest in a roadblock in Torocagua, Comayaguela, north from Tegucigalpa on October 22, 2009. Zelaya will only return to talks on the months-long crisis which has hobbled Honduras if his rivals first agree to reinstate him, his advisors said Thursday. AFP PHOTO/Yuri CORTEZ (Photo credit should read YURI CORTEZ/AFP via Getty Images)
A member of the Police Investigations Division (DPI) inspects a bus burnt by gang members angry that owners of the companies refuse to pay them a “war tax,” in Comayaguela, twin city of Tegucigalpa, on June 12, 2017.
Public transport workers and passengers in the Central American country have been killed by gangs embroiled in bitter turf wars, which demand that bus companies moving through their territory pay a “war tax.” / AFP PHOTO / Orlando SIERRA (Photo credit should read ORLANDO SIERRA/AFP via Getty Images)
TO GO WITH AFP STORY BY ISABEL SANCHEZ – Children look for things in a dump at Santa Cecilia neighborhood in Comayaguela, Honduras on October 4, 2009, 100 days after the coup d’etat in the country. AFP PHOTO/ Jose CABEZAS (Photo credit should read Jose CABEZAS/AFP via Getty Images)

Por Irma Becerra

Soy escritora e investigadora independiente hondureña. Me he doctorado en Filosofía con especializaciones en sociología del conocimiento y política social. He escrito once libros y numerosos ensayos sobre filosofía, sociología, educación, cultura y ética. Me interesa el libre debate y la discusión amplia, sincera y transparente. Pienso positivamente y construyo formación ciudadana para fortalecer la autoconciencia de las personas y su autoestima.

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